NARCISO

Description

Noticia de último momento: Narciso se ha enamorado, pero un poco aburrido de su mismo rostro, deja su nariz en el mismo sitio y se ha dedicado a reinventar sonrisas, bajo el manto de un gemido que susurra un “atrás el amor platónico”, despide ideas como flores, cantos como tallos, tallas como oros, sesos de rabo de nube. Un Narciso sin cuerpo, ha montado su deseo sobre la espesura de un bosque que le nace del “quiero” que le crece del “te tengo”. Acerca tus ojos y tu oído… arriésgate a quedar absorto por la imagen de tu Narciso mientras canturrea un “te doy”.
Toma y daca, Rabí Montoya ha sacado su imagen y semejanza del lago, acaso el acoso de un eco, le trajo el bosque a sus narcisos emparedados. Uno te dice, bebe de mí, el otro repite, toma de mí lo mejor y canta un son peor, haz de tu rostro una flor, y por gajos lleva estos pétalos en alcanfor.
El Narciso por excelencia, la elección de quien de si mismo se ha enamorado. ¿Y cómo no enamorarse de uno mismo si para poder amar a otro hay que saber amar? Nuestro rostro una maldita bendición a portar todos los días de nuestra vida, lo llevamos al baile como a las tristezas, y en esta ocasión Rabí Montoya deja su nariz en la estación del diario y monta múltiples escenas sobre un Narciso único y repetible, único y refractario, brotan de sus ideas tantas formas de ser como de sentir, navega por la gama de colores y texturas para hacernos ver que somos tantos como tantas ideas hagamos posibles. Somos uno en un millón, somos un millón en uno.
“Quiero quedarme a tu vera.
Flor del amor.
Narciso.
Por tus blancos ojos cruzan
ondas y peces dormidos.
Pájaros y mariposas
japonizan en los míos.
Federico García Lorca”
Narciso, enamorado de si mismo, se llena la cabeza de flores, no deja tranquilo a su espejo, es su imagen gozo y delirio. Narciso, eres Ramiro, Rubén, Alberto y Domingo, una flor para cada día, eres uno y eres todos a la vez…
Hay una delgada línea fronteriza entre la cerámica y la escultura de Rabí Montoya, sus obras imprimen una realidad infausta bajo una belleza sublime, su aduana de pase es el ácido y elocuente sentido del humor del artista. Aseguran los que saben, que el verdadero sentido del humor es aquel que se ocupa para burlarse de uno mismo; a partir del inmenso poder que reír de las tragedias y deficiencias propias nos otorga, todo puede pasar por el tamiz fino de aterrizar las ideas más pertinentes bajo el yugo de cualquier imprudencia.
Narciso, la flor de amor, la sorda flor que ignora al eco del bosque, vive en lo profundo del lago, se luce en su superficie, Narciso, el hombre, vive al margen de amarse a sí mismo…y a sus semejantes.
En el viaje sin naufragio a un mar de posibilidades, Rabí, el artista, cocina a distintas temperaturas su propio rostro, dejando en paz lo inalterable de la nariz, se somete a varias miradas internas, se abre fuego imprimiendo flores y grecas de colores, cada pieza, una nueva idea de sí mismo. Nos incita a pensar en todos los que hemos sido para llegar a ser quienes somos, nos navega sin timón por un lago, espejo refractario de nuestros amores, desamores, aciertos e incertidumbres, y pasando por una tercera quema, sin tibieza y con nobleza, nos enciende el brillo en el rostro, el oro se hace presente.
Por último, Rabí ha decidido emparedar el ego, darle paso a la belleza, ha montado en esta galería… un bosque de ideas, ha tranquilizado a las ranas del lago para que puedas acceder al reflejo de tu propio Narciso.
Mercedes Boullosa.

Fotos:
Hebert Pérez
Emmanuel Solís

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